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La revolución de los símbolos

La escuela debe tener en cuenta la formación en la competencia simbólica o no podrá dar respuesta adecuada a la formación existencial. Esta breve reflexión versa sobre el símbolo y su poder pedagógico en la educación.

La simbolización es la capacidad de representar, comunicarse y generar aprendizajes a través de símbolos. Es una de las grandes diferencias que nos distinguen del resto de seres vivos; esta ‘función simbólica’ se  manifiesta  como un aspecto del desarrollo psicológico que comienza desde la más tierna infancia.

Los signos son elementos visibles que nos remiten a otros aspectos, mensajes o ideas. Éstos pueden ser iconos, señales o símbolos. Los iconos remiten al significado por semejanza: fotografía,  emoticono,  dibujo, etc. Las señales remiten al significado de forma directa por convención: de tráfico, banderas.

En cambio, los símbolos son una representación polivalente de una idea concreta o abstracta, inmanente o trascendente. Un símbolo nace cuando se relaciona entre dos componentes: un significante (apoyatura material y visual) y y significado/s a veces explícito y directo y a veces implícitos o indirectos. Por ejemplo cuando vemos en un árbol con un corazón tallado (significante) y ello nos hace evocar una velada romántica entre enamorados.

¿Qué hace que relacionemos o vinculemos el significante y el significado? Para algunos autores la vinculación entre estos dos elementos se basa en el sentido común. En cualquier caso todo símbolo sufren un proceso en su uso: valoración, desgaste, revalorización, metamorfosis, olvido… 

La competencia simbólica es la capacidad para desenvolverse con soltura en la comprensión, identificación, comunicación y creación de símbolos y significados complejos; ya sean significados análogos, unívocos, equívocos, ambiguos, de contraste, complementación, metafóricos, comparativos, etc. En la escuela y en general en todos los procesos educativos implica la habilidad social y las estrategias cognitivas para cifrar y descifrar los mensajes simbólicos. Ésta capacidad está presente igualmente en todas las generaciones, con lo cual es un desafío al que nos enfrentamos educandos y educadores. Me atrevería afirmar que todos por igual independiente de la edad y simultáneamente tamizado por el paso del tiempo.

Así cada persona parte de la experiencia, las relaciones que haya tenido y tenga, el mundo de instituciones que le haya configurado y los contextos que viva para poder reconocer e interpretar símbolos adecuadamente y de forma rápida, casi espontánea.

El universo de los símbolos exige entender su código (semántica) y semiótica, que siempre funcionan interconectados, en red, con una lógica interpretativa propia. La alfabetización simbólica implica entre otras cosas:

  • Solucionar problemas y buscar alternativas
  • Adaptarse al entorno y comunicar lo complejo
  • Establecer nuevas formas de comunicación y creación

Los símbolos son atajos neuronales para evitar rodeos y gastos inútiles de energía. Es un proceso situado físicamente en el lóbulo pre-frontal, lo que implica 1/3 de toda la corteza cerebral y se produce siempre en relación con todo el resto del cerebro. En esa zona procesamos las siguientes funciones:

  • Controlamos las emociones e impulsos, anticipando el futuro y los acontecimientos
  • Elaboramos objetivos abstractos y pensamientos a largo plazo; predecimos y planificamos
  • Desarrollamos y aplicamos la memoria, los pensamientos filosóficos, artísticos, metafóricos, intuitivos
  • Ejecutamos el meta-pensamiento y ubicamos la conciencia de nosotros mismos

INFLUENCIA DE LA VIRTUALIZACIÓN

La Era Digital está provocando cambios sustantivos en las estructuras cognitivas que son notorias en el análisis antropológico de las nuevas generaciones:

1.- Frente a un pensamiento lineal (como una hormiga) o secuenciado; lógico, que implica concentración se impone un pensamiento a saltos (como un saltamontes) o divergente, que opera a través de nodos de una red (links, ventanas, equipo, multicausalidad), a partir de detonantes de pensamiento que provocan respuestas nuevas. Todo ello está normalmente en contra de la lógica tradicional de la escuela uniformadora de procesos.

2.- Frente a la perspectiva clásica de la ontología aristotélica que diferencia lo que son las cosas ‘en sí’ y lo que son las cosas ‘para sí’ la virtualidad consigue que la realidad ya no es ‘en sí’ sino que es una pura construcción de la mente. Los símbolos llegan a reemplazar, sustituir la realidad en sí, un poco a modo de las ideas platónicas.

3.- La cultura de la inmediatez y la respuesta rápida lleva al acceso tanto al conocimiento como a la realidad fraccionada, sin argumento; eso lleva a nuevas lógicas discursivas, argumentativas, nuevas formas de razonar basadas en un todo informe compuesto de: emociones, contextos sociales y valoraciones morales.

Además se pasa de un concepto de causalidad clásica, dominante en nuestro inconsciente colectivo a otro de multi-causalidad y negación de la causalidad. Ya no interesa el esquema simple ‘causa-efecto’, sino que en línea con las teorías del caos o de la complejidad se sustituye la importancia de los antecedentes por la utilidad, la técnica o los contenidos.

4.- La omnipresencia de las tecnologías han contribuido al cambio significativo de significados y de estructuras sintéticas, donde la equivocidad y la ambivalencia son valores en alza. Eso conlleva una ruptura conceptual, una brecha de significado, de entendimiento y de imaginarios entre generaciones; asunto que la escuela debe abordar adecuadamente.

LA REVOLUCIÓN DE LO SIMBÓLICO

Los símbolos tienen por su propia naturaleza de ser muy tolerantes a diferentes significados una estructura que le hace en sí mismo inagotable. Es un misterio porque juega entre lo explícito (la relación directa entre significante y significado) y lo implícito: la manifestación inagotable de significados nuevos y la ocultación de otros, digamos que todo símbolo vela y desvela aspectos, ideas, sugerencias, sutilezas…

Desde siempre los símbolos tienen un fuerte vínculo con el poder: el poder de la palabra, de la política o la economía, de la cohesión comunitaria, de lo religioso, lo educativa, la tradición, el consumo, el control de la conciencia… conocer e interpretar adecuadamente la red de símbolos de nuestro tiempo nos da sin lugar a dudas una situación de poder.

El símbolo necesariamente nos abre a lo ilimitado de significados a partir de los significantes limitados; acceder a nuevos significados  amplía el horizonte de conocimiento y comprensión del mundo y sus posibilidades. Modifica la distancia ontológica de las cosas y sus significados; incluso puede hacer que exista o desaparezcan realidades o ideas.

Es fundamental no tener miedo a las nuevas formas de significado, no seguras, a menudo en ruptura o contradicción con la norma, el orden o la lógica habitual; sólo así podremos adentrarnos en lo no conocido del símbolo, lo no preestablecido. Un terreno de animatismo, donde todo está cargado de posible sentido, donde lo insólito puede ser ordinario.

Lo simbólico es una gran experiencia de los límites, de acercarnos a lo desconocido desde lo conocido.  Adentrarse en el símbolo tiene un sentido que podríamos llamar mágico dado que profundiza en el significado oculto para romper su hechizo y liberar todos sus posibles significados.

No deja de ser también algo que entraña peligro, peligro de despertar significados ocultos indeseados. El riesgo de provocar desencuentro, de despertar pasiones, enfados, tensiones, guerras internas o entre pueblos… porque los símbolos pueden ser sagrados, tocar las fibras más hondas de las personas y las comunidades humanas; y así provocar maldiciones, blasfemias, execraciones, ultrajes o vituperios. Es preciso aprender a dialogar de los significados de los símbolos, a menudo como si fueran frágiles figuras de vidrio por el potencial de misterio sobrehumano que tiene.

Los símbolos ocupan todos los espacios sociales, políticos, económicos, culturales, religiosos… vinculando inconscientemente lo más peregrino con lo más insospechado y haciendo así aparecer reacciones de las que apenas somos conscientes y que debemos aprender a reconocer en nosotros mismos para poder proponer luego a otros. ¿En qué medida los símbolos están al servicio de la manipulación o la liberación personal?

No saber distinguir entre los diferentes signos y desconocer la importancia que tienen los símbolos en la educación contribuye no sólo a una mayor confusión vital e intelectual sino que nos impide conocer, comprender y transformar la realidad. Es importante tomar conciencia de ello y caer en la cuenta que la creación de símbolos es un poder pedagógico que facilita tanto el desarrollo del pensamiento como el encuentro con los demás.

Lo dicho; queda mucho por avanzar. Tener en cuenta todo esto forma parte del aprendizaje esencial. Urge fraguar propuestas generadoras de sentido en esta línea.

Mª Isabel Rodríguez Peralta

Foto: Museo de Miguel Hernández y Josefina Manresa, en Quesada, Jaén. Escultura Homenaje a la obra poética ‘El rayo que no cesa’, Elejía a Ramón Sejé por Joan Manuel Serrat

4 comentarios en “La revolución de los símbolos”

  1. Efectivamente tomar conciencia que reconocer los diferentes símbolos permite conocer, reconocer y transformar la realidad, aspecto clave a tener en cuenta en la educación. Gracias por compartir esta reflexión.

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  2. Interesante artículo sobre la “competencia simbólica”… La pena es que no la reconoce ni valora casi nadie, y menos los alumnos!… Hace unos años, al estudiar el hecho religioso en “Religión, Cultura y Valores”, teníamos un tema sobre los Mitos, los Ritos y los Símbolos… pero tuvimos que suprimirlo porque no interesaba ni al tato!!! Ahora ha quedado como un pequeño apartado…
    Por otra parte, precisamente esta semana, he estado hablando en clase de la “competencia trascendente o religiosa”!!!… tan emparentada con lo simbólico… y tan necesaria para entender la realidad y para que los alumnos le encuentren sentido a la vida.

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