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Estupidez humana

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Auscultar tan sólo un segundo los sonidos del mundo y escuchar los latidos del sufrimiento humano, infligido por un sistema injusto, inhumano, como todas las injusticias, nos lleva a la locura. Corremos el riesgo de perder lo poco de cordura que aún nos queda. Etimológicamente la palabra cordura viene del latín cor, cordis (corazón) y el sufijo –ura que indica actividad y el resultado de esa actividad, como en cultura. Es decir, la cordura debemos entenderla como poner el corazón en el centro de la vida.

Sólo algunos de estos latidos: asistimos al creciente negocio del hambre, los 258 millones de refugiados y emigrantes en todo el mundo, que se ven forzados a salir de sus países. En Europa más de un millón de abortos anuales y el envejecimiento demográfico. España figura como el país más envejecido; necesita más de 10.2 millones de inmigrantes para mantener las prestaciones sociales.

Jean Ziegler, relator especial de la ONU para el Derecho a la Alimentación entre 2000 y 2008, actual vicepresidente del Comité Consultivo del Consejo de Derechos Humanos de la ONU, hace una dura denuncia contra el sistema y frente a los especuladores financieros propone reeditar una especie de Tribunal de Nüremberg, en el que deben ser juzgados y condenados los responsables.

En palabras de Jean Ziegler

“Luchar contra la estupidez resulta muy difícil porque en la mayoría de los casos se trata de personas que son muy educadas. Erich Kästner afirmaba que ‘el peligro comienza cuando éstos se ponen a trabajar con empeño’. Mientras que los tontos sean tontos y no hagan nada, se limiten a sonreírnos y darnos palmaditas en el hombro no son peligrosos. Pero cuando asumen puestos de responsabilidades en altas instancias de la burocracia, lo cual desgraciadamente sucede en demasiadas frecuencia, entonces de convierten en muy peligrosos”.

Es urgente combatir la estupidez humana, sondear cualquier camino, vereda, sendero o grieta que permita atravesar la espesura del dolor hasta llegar a vislumbrar que no todo está perdido. Esta tarea no la podemos encarar solos. La solidaridad es una obligación moral y un deber cívico. ¡Es la única salida! Trabajar por una pedagogía que promocione la caridad política, que dignifique las condiciones de vida y trabaje por el bien común. Apostar por el compromiso de una pedagogía del sentido común, en este viaje, puede contribuir a que cambie el mundo. Debemos entender que si una persona ayuda a un anciano a cruzar un río, el político debe construirle un puente, si alguien da comida a un necesitado, el político debe crear trabajo.

Los caminos de la pedagogía deben educarnos para aprender a enlazar, aunar, soldar y unir todas las realidades que ya están en marcha y quieren dar respuesta solidaria. No para quedarnos atrapados en una telaraña, sino para construir un trampolín que nos ayude a ir más allá y hacer desaparecer las instituciones que deshumanizan la sociedad y alimentan el odio entre hermanos y pueblos.

Si aún no te has decidido por algún libro para leer mañana quizás este te pueda valer;  Jean Ziegler acaba de publicar un libro titulado Hay que cambiar el mundo (Foca, 2018). Es una mirada crítica de la ONU desde dentro, un testimonio de los juegos de poder de quienes dominan el mundo y un alegato a seguir en pie contra el “orden mortífero del mundo”.

Isabel Rodríguez

 

2 comentarios en “Estupidez humana”

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